Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque Él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas
Eclesiastés 5:4-5
Alguien dijo en una ocasión: «Las promesas significan todo, pero cuando no se cumplen, las disculpas no significan nada».
Promesas, promesas y más promesas. Si estamos en época electoral verás a un grupo de políticos prometiendo lo que está escrito y lo que no. Los verás yendo por las calles y haciendo cosas que de ninguna otra manera volverán a hacer. Simplemente por conseguir un puñado de votos que los lleven al poder.
Por otro lado, cuántas parejas en el altar se prometieron amor y fidelidad eterna y eso duró lo que dura un caramelo a la puerta de un colegio. Otros prometieron a sus padres estudiar mucho ya que sus padres se esforzaban para darle lo mejor a ese hijo y luego el chaval decidió vivir su vida de manera alocada sin mirar las consecuencias. Y si seguimos, podemos ver otras tantas promesas que todos en algún momento hemos hecho y luego no se han cumplido.
Si ya esto es un problema, imagínate ahora cuando le hacemos promesas a Dios. Por ejemplo: desde el momento que creímos en Él para que fuera nuestro salvador personal, le dijimos que se lo entregaríamos todo. Es más, cada domingo cuando vamos a la iglesia podemos cerrar los ojos y hacerle una serie de promesas que duran hasta que llegamos a casa. Luego viene el lunes y todo se olvida. Querido amigo, si a Dios haces promesas, no tardes en cumplirlas ya que Él no se complace de los insensatos. Tú decides.
Tomados del libro de devocionales del Pastor: “Meditad sobre vuestros caminos”.