Lo mejor de lo mejor

Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el Cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Mateo 28:18-20

En una ocasión escuché a un predicador que estaba hablando con mucha pasión sobre este texto de la gran comisión, este hombre decía lo siguiente: «Si Dios te llama al ministerio nunca te rebajes a ser rey de Inglaterra».

No hay nada de mayor provecho en esta vida que aquello que tiene un valor eterno. Después de morir y resucitar, el Señor dejó encomendado a sus discípulos lo que hoy nosotros conocemos como la gran comisión. Lamentablemente para muchos cristianos esto se ha convertido en la gran omisión. Ahora bien, aunque muchos la omitan, esto tiene tremendas implicaciones para cada uno de nosotros.

  1. El punto de partida para realizar la gran comisión es un encuentro íntimo y personas de cada uno de nosotros con el Señor resucitado.
  2. El fundamento para realizar esta gran comisión es la potestad y autoridad total que el Señor Jesucristo tiene, tanto en los Cielos como en la tierra.
  3. El propósito de la misión es hacer discípulos.
  4. El poder para realizar la misión es la promesa de Jesús. Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Tomados del libro de devocionales del Pastor: “Meditad sobre vuestros caminos”.

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