33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.
Juan 16:33 RVR60
Hace algún tiempo leí esta historia que hoy comparto con ustedes:
«Cuentan que un día un campesino le pidió a Dios que le permitiera mandar sobre la naturaleza para que —según él— le rindieran mejor sus cosechas. ¡Y Dios se lo concedió! Entonces cuando el campesino quería lluvia ligera, así sucedía; cuando pedía sol, este brillaba en su esplendor; si necesitaba más agua, llovía más regularmente; etcétera.
Pero cuando llegó el tiempo de la cosecha, su sorpresa y estupor fueron grandes porque resultó un total fracaso. Desconcertado y medio molesto le preguntó a Dios por qué salió así la cosa si él había puesto los climas que creyó convenientes. Pero Dios le contestó: Tú pediste lo que quisiste, mas no lo que de verdad convenía. Nunca pediste tormentas, y estas son muy necesarias para limpiar la siembra, ahuyentar aves y animales que la consuman, y purificarla de plagas que la destruyan».
A todos nos gustaría tener una vida placentera sin dolor, dificultades y tormentas en esta vida, pero lo cierto es que el Señor ha permitido esas cosas para ayudarnos a madurar en nuestra relación con Él.
La auténtica paz que el Señor nos da no tiene nada que ver con la ausencia de dificultades y pruebas. La palabra paz que el Señor nos da, viene del hebreo Shalom, y esta palabra se había convertido en un saludo para los discípulos después de la muerte y resurrección del Señor. Es una paz que nos asegura la calma que viene en tiempos de dificultad, silencia el temor, y reina en los corazones del pueblo de Dios. Es mi oración que puedas tener esa paz que solo viene del Señor.
Tomados del libro de devocionales del Pastor: “Meditad sobre vuestros caminos”.
