105 Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.
Salmos 119:105 RVR60
Hace algún tiempo leí una historia que quiero compartir contigo, la historia se llama El niño pobre y su precioso libro:
El niño estaba al lado de la cama de su mamá y le escuchó decir:
—Carlitos, el doctor ha estado aquí y me dijo que pronto voy a morir. No tengo nada que darte, sino esta Biblia. Quiero que me prometas que la leerás cada día y que confiarás con todo tu corazón en el precioso Salvador que murió en la cruz por nosotros. Te volveré a ver en el cielo cuando Él venga para llevar a los suyos al hogar celestial. Después que yo muera, no habrá nadie que te cuide aquí en este lugar. Así, toma tu Biblia contigo y vete a la montaña, donde vive tu tío Guillermo y pídele que te deje vivir con él.
Después de haber enterrado a su mamá, el niño salió en camino hacia la montaña. Hacía mucho calor y se detuvo para descansar. Abrió su Biblia y la estaba leyendo cuando un hombre, en un automóvil muy elegante, que venía por la pradera, viendo a Carlitos le dijo:
—¿Qué libro estás leyendo?
—La Biblia, señor.
—¿Cuánto quieres por ella?
—No la vendo, señor.
—Te doy cuatrocientos pesos.
—No, señor, no deseo venderla.
—Te doy ochocientos pesos.
Carlitos miró sus pies descalzos y pensó qué bien le vendrían unos zapatitos nuevos, pero contestó:
—No señor, no quiero venderla.
El rico caballero siguió ofreciéndole más, hasta que llegó a mil pesos. Esto era mucho más dinero del que Carlitos había tenido en su vida. Pero recordó a su madre, y llorando amargamente, dijo:
—¡No le daré esta Biblia ni aunque me dé cien mil pesos!
Esto tocó el corazón del caballero, y preguntó:
—¿Por qué amas tanto esta vieja Biblia?
Entonces Carlitos le contó toda la historia y, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas, agregó: —Antes de morir mi madre el jueves pasado, le prometí que nunca me separaría de esta Biblia; y no lo haré ni por cien mil pesos.
—¿Hacia dónde vas, querido niño?
—A la casa de mi tío Guillermo —contestó Carlitos.
—Voy a pasar por su casa, sube y te llevaré.
Así lo hizo. Encontraron que el tío Guillermo tenía media docena de hijos y que no tenía mucho interés en uno más. Así que el rico caballero se llevó a Carlitos a su casa, y le dio una buena educación. Creció y fue un buen cristiano. Carlitos recordó a su madre y las enseñanzas de Dios que ella le dio. Apreció el libro de Dios, que en verdad era el tesoro más grande que su madre le pudo ofrecer. Carlitos honró a Dios, y Dios honró al niño y le dio un buen amigo, como ustedes vieron, cuando más lo necesitaba. Recuerden, queridos amigos, que la Biblia contiene bendiciones tanto para los niños como para las personas mayores.
Seguramente muchas personas tendrán una Biblia en su casa. Pero estoy seguro de que en un gran porcentaje de personas esas Biblias estarán en algún lugar no principal de la casa y llena de polvo. Estarán escondidas en algún rincón. Para muchos cristianos será lo que usen el domingo por la mañana y luego la vuelven a depositar hasta la semana
siguiente. ¡Qué horror! Luego queremos que Dios nos bendiga, bendiga nuestras familias, nuestros trabajos y cualquier cosa que hagamos, y a él y su Palabra la dejamos a un lado como si fuera algo que no es necesario en nuestro andar diario. La Biblia debe ser la luz que ilumina tu caminar cada día. Permite que Dios te hable por medio de su Palabra y luego obedece a su voz.
Tomados del libro de devocionales del Pastor: “Meditad sobre vuestros caminos”.
