26 Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo.
Mateo 14:26 RVR60
Hay una antigua fábula sobre el miedo que es muy interesante y dice lo siguiente:
Un rey árabe atravesaba el desierto cuando de pronto se encontró con la peste. El rey se extrañó de encontrarla en aquel lugar:
—Detente, peste, ¿a dónde vas tan deprisa?
—Voy a Bagdad —respondió entonces ella—. Pienso llevarme unas cinco mil vidas con mi guadaña.
Unos días después, el rey volvió a encontrarse en el desierto con la peste, que regresaba de la ciudad. El rey estaba muy enfadado, y dijo a la peste:
—¡Me mentiste! ¡Dijiste que te llevarías a cinco mil personas y murieron cincuenta mil!
—Yo no te mentí —dijo entonces la peste—. Yo sesgué cinco mil vidas… y fue el miedo quien mató al resto.
Moraleja: «El miedo puede ser más destructivo incluso que aquello que nos asusta».
En el versículo del encabezamiento vemos a los discípulos que están en medio del mar en una tormenta. Ellos están «muertitos de miedo» ya que llevaban toda la noche en medio de ese mar y en medio de la tormenta. Ya han perdido todas sus esperanzas para sobrevivir y creen que en pocos momentos morirán. Es ahí donde el Señor viene a ellos andando sobre el mar. Cuando ellos lo ven llegar, en vez de alegrarse porque el Señor ha venido a su rescate, ellos se asustan más ya que creen que es un fantasma. ¿Cuántas veces a lo largo de nuestra vida podemos ver fantasmas donde no los hay? Era el Señor el que estaba con ellos, pero el miedo les había hecho perder la serenidad mental y el equilibrio emocional.
Ahora el Señor los tranquiliza diciéndoles en Mateo 14:27: «Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!».
Tomados del libro de devocionales del Pastor: “Meditad sobre vuestros caminos”.
