Y la mano de Jehová estuvo sobre Elías, el cual ciñó sus lomos, y corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel… Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres
1 Reyes 18:46 y 19:4 RVR60
Hace algún tiempo leí la historia de un burro que había caído en un pozo, la historia dice lo siguiente:
Un día el viejo burro de un campesino cayó en un pozo. El animal, asustado, rebuznó fuertemente durante horas mientras el campesino trataba de averiguar qué podía hacer. Finalmente, el campesino pensó que el animal era ya demasiado mayor para darle un servicio útil y, además, el pozo estaba seco y necesitaba ser tapado de todas formas, por lo que realmente no valía la pena sacar al burro. Entonces reunió a unos vecinos para que lo ayudaran. Todos cogieron las palas y empezaron a echar tierra para cubrir el pozo con el burro dentro. El burro, en el fondo del hoyo, empezó a darse cuenta de lo que estaba pasando, sintió un intenso miedo al percibir la cercanía de la muerte y rebuznó aún más desconsolado. Poco después, para sorpresa de todos, se tranquilizó, asumió su fin y se tumbó dejando que la tierra lo cubriera lentamente. Tras unos minutos de tranquilidad, el burro abrió ampliamente los ojos y sonrió. Se incorporó pausadamente y se sacudió la tierra que le cubría el lomo y la cabeza. A medida que iba cayendo la tierra pudo ir dando pasos hacia arriba que lo acercaban a la deseada libertad. Pronto, todos vieron sorprendidos cómo el burro llegó hasta la boca del pozo, pasó por encima del borde y salió trotando con más vitalidad que cuando era joven…
¿Cuántas veces nos habremos sentido después de haber sido usados por Dios en la vida como un burro que cree que no sirve para nada y estamos a punto de caer en una depresión?
El profeta Elías había vivido seguramente el mejor momento de su vida en el capítulo 18 de primera de Reyes. Este fue el momento en el cual desafió a toda una nación en el nombre del Señor. Los reunió a todos en el monte Carmelo, donde también estaban el rey y los falsos dioses que habían desviado el corazón del pueblo de Israel. Dios se había manifestado de una manera maravillosa y había usado a Elías para que su poder fuera manifestado en aquel día. Podemos decir que Elías estaba intoxicado de placer espiritual, vivía su mejor momento. Pero este hombre que había tocado el éxito con las palmas de sus manos, ahora cae en una terrible depresión, por lo que le dice la esposa del rey que quiere matarlo.
Elías vive tanto el éxito como la depresión con la misma pasión. Dios, que es un maestro en el arte de la buena terapia, ayuda a Elías a salir de esa depresión. Luego Elías tiene que tomar la decisión correcta, y esa es ir a buscar a Dios.
Dios no se queda impresionado con las palabras de Elías, simplemente le escucha, y le muestra que él es el mismo Dios que mandó fuego del cielo y que ahora lo ayudará en los momentos de depresión. Te recomiendo que leas 1 Reyes 19:1-18. Dios es el mejor psicólogo del mundo, puede ayudarte si te encuentras deprimido.
Tomados del libro de devocionales del Pastor: “Meditad sobre vuestros caminos”.
