21 Mira, Jehová tu Dios te ha entregado la tierra; sube y toma posesión de ella, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho; no temas ni desmayes.
Deuteronomio 1:21 RVR60
Hace algún tiempo leí una historia que me pareció interesante y hoy quiero compartir contigo:
Un ministro de Escocia tenía en su congregación una anciana muy pobre que tenía el hábito de decir: «Bendito sea el Señor, Amén», cuando el predicador decía algo destacado.
Esto molestaba mucho a aquel ministro y le dijo: «¿Sabe, hermana Elizabeth, que cuando usted dice: Bendito sea el Señor, durante el sermón, interrumpe mis pensamientos? Si no lo hace durante todo este año le regalaré un par de frazadas nuevas». La hermana Elizabeth era muy pobre y esta oferta le pareció buena. Hizo lo que pudo por ganárselas. Permaneció quieta domingo tras domingo; pero un día vino un pastor visitante a predicar; era un hombre de cuyo corazón rebosaba el gozo de la salvación. A medida que predicaba acerca del perdón del pecado y de todos las bendiciones que lo siguen, la visión de las frazadas prometidas comenzó a desvanecerse mientras el gozo de la salvación aumentaba. Al fin no pudo contenerse más y se levantó diciendo con voz fuerte: «¡Frazadas o no frazadas, aleluya!».
Cuando pensamos en las maravillas de Dios se llena nuestro ser de gran gozo. Nuestra reacción natural es querer alabar a Dios por lo que ha hecho y hace por nosotros.
Dios debe ser siempre el objeto de nuestra alabanza. Es a Él a quien tenemos que darle la gloria en todo momento. Y si alguien te quiere callar para que no hables y le des la alabanza merecida a Dios, déjalo con sus «vanos consejos», y tú alábalo con todas tus fuerzas por todo lo que Él es y hace en cada momento por ti. A Él la gloria.
Tomados del libro de devocionales del Pastor: “Meditad sobre vuestros caminos”.
