El fin de todo discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala
Eclesiastés 12:13-14
Alguien dijo en una ocasión: «Desde que los hombres perdieron el temor a Dios, pasaron a temer a las cámaras».
¿Quién dice la verdad? ¿Quién está en lo correcto? ¿A quién vamos a creer?… No cabe duda de que nuestra sociedad cristiana se ha vuelto como el mundo que nos rodea: frío, indiferente, políticamente correcto, superficial, etc. Donde todos tienen la razón, aunque pocos busquen lo que enseña la Palabra de Dios. Usando la canción de Frank Sinatra, lo que hoy está de moda es: «Lo haré a mi manera…».
El escritor del libro de Eclesiastés, Salomón, por cierto, el hombre más sabio del mundo, dicho por Dios mismo termina el maravilloso libro de Eclesiastés con nuestros dos versículos del encabezamiento. Este hijo de David termina su libro animando a sus lectores a «temer a Dios». Ese temer a Dios es consonante con el de guardar sus mandamientos, indicando así que una reverencia genuina hacia Dios debe evidenciarse mediante la obediencia al Padre. Salomón sigue diciendo que ese es el verdadero significado del hombre. Cuando todo quede dicho y hecho, tendremos que presentarnos ante Dios para rendirle cuentas de cómo hemos vivido la vida que él nos ha prestado. Ahí se sabrá si nuestro balance sale positivo o negativo. Hoy es tiempo para que te pongas a bien con Dios.
Querido amigo lector, Dios enseña al ser humano a gozar la vida como un don de Dios, a sacarle el mejor provecho a cada oportunidad, a vivir la vida mostrando reverencia hacia el Dios del Universo, a tener una consciencia clara del futuro, y a saber que Dios «traerá toda obra a juicio» (v.14). Resumiendo, Salomón aprendió a vivir con las paradojas de la vida, basándose en una actitud correcta hacia Dios y hacia la vida. Como alguien también escribió: «Dios es la razón por la cual, aun en el dolor, sonrío; en la confusión, entiendo; en la traición, confío; y en el temor, sigo luchando».
No sé cómo te sientes en estos momentos. Pero no importa si yo lo sé o no lo sé. Lo que realmente importa es que Dios lo sabe. Yo simplemente quiero animarte a que tomes unos momentos en este día, intentes desconectar de todo lo que te rodea y abras tu corazón ante Dios. Quizás no tienes fuerzas para decirle ni una sola palabra. Simplemente no puedes. Quizás no hay manera de que brote una palabra de agradecimiento de tu ser, simplemente te sientes oprimido en tu corazón; si es así, este es el momento para que dejes salir todo lo que hay en tu interior. Deja que las lágrimas broten, y pídele a Dios que te ayude a temerlo y que puedas guardar sus mandamientos. ¡Verás cómo Dios no te defrauda! ¡Pruébalo, saldrás victorioso!
Tomados del libro de devocionales del Pastor: “Meditad sobre vuestros caminos”.