Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es un don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe
Efesios 2:8-9
Se cuenta de dos hombres, ambos ebrios, que salieron de la taberna y subieron al bote que debía llevarlos al otro lado de la bahía. Se sentaron y comenzaron a remar. Trabajaron toda la noche, y no podían comprender por qué no llegaban nunca al otro lado. Cuando amaneció, descubrieron que el bote estaba anclado. Se habían olvidado de levar el ancla.
Puede parecernos ridículo, e incluso desatar en nosotros una sonrisa burlona la actuación de estos dos hombres borrachos. Pero si somos objetivos, ¿cuántas veces estuvimos nosotros remando hacia ningún lado? Y si miramos a nuestro alrededor, a un mundo que le está dando continuamente la espalda a Dios, ¿cuántos hoy día como los dos ebrios de nuestra historia están remando hacia ningún lugar? ¿Cuánta gente intenta con todas sus fuerzas llegar hasta la otra orilla sin darse cuenta de que lo único que están haciendo es el más puro ridículo? ¿Cuánta gente está remando con todas sus fuerzas intentando por ellos mismos llenar ese vacío que hay en su interior? ¿Cuántos creen que simplemente por hacer buenas obras tendrán derecho a entrar al reino celestial?
Estimado amigo lector, ha sido la gracia de Dios, por medio de la fe, la que nos ha salvado a nosotros. Y por ello tendríamos que estar siempre agradecidos al Señor. Y una de las maneras en las que nosotros podemos mostrar ese agradecimiento, es despertándonos de nuestro sueño espiritual y muy cómodo en el que nos sentimos anestesiados, y compartamos el mensaje del Evangelio con todas esas personas que están remando hacia ningún lado. Pídele a Dios que te ayude a predicar a otros. Te sorprenderás cómo Dios te quiere usar.
Tomados del libro de devocionales del Pastor: “Meditad sobre vuestros caminos”.