La envidia

Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros

Gálatas 5:25-26

Se cuenta de dos águilas. Una de ellas podía volar más alto que su compañera, y a esta no le gustaba nada. Entonces la menos capaz habló un día con un tirador y le pidió que matara a su rival. El tirador le dijo que lo haría si tuviese plumas adecuadas para sus flechas. Entonces el águila arrancó dos plumas de sus alas y se las entregó. El cazador disparó sus flechas, pero ellas no alcanzaron al águila que volaba demasiado alto. La compañera envidiosa siguió arrancándose las plumas hasta que al fin se sacó tantas que no pudo volar, y el cazador la mató.

Cuantas veces habremos oído decir, o quizás hemos dicho nosotros mismos: ¡Qué mala es la envidia! Y normalmente la solemos usar para referirnos a otras personas. Normalmente son otros los envidiosos, son otros los orgullosos, son otros los soberbios, son otros los que desean lo ajeno, etc.

¿Qué te parece si hoy pensamos un poco en nosotros y en cuánto de envidia puede haber en nuestras vidas? ¿Has deseado alguna vez la casa de tu amigo/a? ¿El coche? ¿La ropa? ¿La familia? ¿El ministerio? ¿Los contactos? ¿Las habilidades? Etc.

Si hacemos un autoexamen personal, creo que la gran mayoría de nosotros en algún momento hemos o podemos ser envidiosos. Es cierto que algunos para poder encontrarlo tendrán que rascar algo más que simplemente quedarse en la superficie. Pero hay cierta envidia. Porque muchas veces podemos ser simplemente superficiales. Pero necesitamos profundizar en nosotros mismo para poder encontrar aquello que hay en lo más profundo de nuestro interior. ¿Y sabes por qué debemos hacer eso? Porque ante el Señor todos estamos completamente desnudos. Como dice el pasaje del encabezamiento: ¿Cuántas veces nos podemos irritar unos a otros? ¿Cuántas veces podemos caer en la vanagloria = inflación del ego? ¿Cuántas veces nos podemos estar envidiando unos a otros? ¿O eso solo me ha pasado a mí?… Tranquilo, si a ti nunca te ha pasado no es necesario que sigas leyendo, pero si te ha pasado en algún momento esto también es para ti.

Querido amigo lector, mientras estoy escribiendo esta meditación me ha llegado un mensaje al celular que dice lo siguiente: «Donde vaya, vamos con usted».Es uno de esos mensajes publicitarios que quieren enganchar a uno para que compre o «disfrute» sus productos.

Es con esa frase con la que quiero dejarte hoy. Si nos envidiamos unos a otros, si nos irritamos unos a otros, si somos vanagloriosos unos con otros, eso irá con nosotros. Pero si vivimos y andamos en el Espíritu, eso también irá con nosotros.

¡Tú decides qué quieres que te acompañe!

Tomados del libro de devocionales del Pastor: “Meditad sobre vuestros caminos”.